En las calles del Levante de Tarragona viven más de cien gatos que no eligieron estar solos, y desde hace años, tres personas hemos decidido que no lo estén. Cada día, sin falta, les llevamos comida y agua fresca; cuando enferman o se lastiman, los llevamos al veterinario con nuestro propio dinero, porque para nosotros su vida vale ese esfuerzo. Aplicamos el método CER —captura, esterilización y retorno— para que estas colonias crezcan sanas y en equilibrio con la ciudad, evitando el sufrimiento que trae el abandono y la reproducción descontrolada. Lo hacemos por amor, por responsabilidad, y porque creemos que el bienestar animal es también bienestar humano: una ciudad que cuida a los más vulnerables, incluidos los que caminan a cuatro patas, es una ciudad más humana. Pero estamos desbordados. Llevamos años sosteniendo esta labor casi en solitario, y la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, es clara: en su Capítulo VI reconoce a los gatos comunitarios como una figura protegida y establece, en su artículo 39, que son los ayuntamientos quienes deben desarrollar Programas de Gestión de Colonias Felinas, asumiendo el censo, la esterilización, la atención sanitaria y el apoyo a quienes, como nosotros, cuidamos de ellos cada día. Por eso pedimos al Ayuntamiento de Tarragona que cumpla con lo que la ley ya le exige: que camine junto a nosotros, no detrás. Los gatos de Kuketas de Llum llevan años esperando esa mano tendida — y nosotros, con ellos.